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España es un país de ídolos de rápido ascenso pero aún más rápida caída. Perdemos la cabeza con aquel que logra un éxito puntual para luego, cuando no puede mantener la excelencia en la práctica de lo que sea, lanzarle al purgatorio del olvido con prontitud exagerada. Esto funciona para todos salvo para una notable excepción que confirma la regla: Rafa Nadal.

El pasado año, casi por clamor popular, se decidió que el manacorí fuera el abanderado español en los Juegos Olímpicos que se disputaron en Londres. El jarro de agua fría vino después, cuando por lesión tuvo que renunciar a tal privilegio en lo que el tenista definió como “uno de los peores días de mi vida”. El grado de impacto que esta noticia tuvo constata a las claras el hecho de que Nadal es uno de los deportistas nacionales que cuentan con el apoyo casi total de sus compatriotas y, si me apuras, de otros muchos sitios… incluyendo en Francia si exceptuamos los quince días al año correspondientes a Roland Garros.

En ese cariño y apoyo globales tienen mucho que ver la calidad tenística que atesora, la cantidad sin parangón (en España) de victorias en grandes torneos internacionales así como el tesón y entrega que muestra siempre en la pista. Pero eso no es lo único que hace de Nadal un ejemplo a seguir y, por tanto, alguien fácil de admirar. Fuera de la pista no ha habido una sola voz que haya puesto sombra a la imagen que el mundo tiene del español. Afable, humilde, solidario, consciente de lo que comporta su posición y de lo que puede hacer desde ella, etc. No todo el mundo que llega a su estatus tiene la cabeza tan en su sitio como el chaval de veintiséis que es Nadal. Evidentemente, en esta buena cabeza y en ser consciente de que no se es más que nadie por tener más que muchos, ha jugado un papel importantísimo su entorno, y más allá, su familia.

Volviendo a la lesión que le separó de los Juegos Olímpicos, puedo contar que hace unos años, estando en la redacción de Radio Marca, charlando con uno de los redactores y uno de los mejores productores que conozco, comentaban que el ritmo de partidos que llevaba el tenista español le podían traer serios problemas a medio plazo para su rodilla debido al tipo de juego que desarrollaba. El tiempo les ha dado la razón. El calendario brutal de la ATP, las superficies duras que cada vez predominan más en el mismo y el sobreesfuerzo al que Nadal somete a sus rodillas acabó por forzarle a parar durante más de medio año.

En ese tiempo, los que pasamos el día entre redes sociales, hemos podido ver a un Rafa Nadal distinto. Rafa Nadal dio paso al chaval de veintiséis años que lleva dentro y que no tiene que estar entrenando ocho horas al día, en tensión por el próximo torneo o viajando por medio mundo. En estos meses, durante el tiempo que no estaba recuperando la rodilla tocada, se dedicaba a algo nuevo en su vida, no hacer nada. Durante ese tiempo las imágenes que se tienen del tenista son de reposo, de pasar el tiempo con amigos, con la familia, dedicarse a sus aficiones conocidas como son la pesca o el golf (aunque este deporte lo practicaba poco y con cuidado para no forzar su rodilla), incluso se le pudo ver cenando con el Rey en una terraza de Mallorca.

Estas imágenes, y el disfrute de un tiempo libre del que no gozaba desde hacía años, sumado al hecho de que torneo tras torneo se retrasaba la vuelta a la competición, hizo que alguna gente, entre los que me incluyo, dudara de que el retorno se produjera en algún momento.

Recientemente, Rafa Nadal nos ha callado a los que pensábamos tal cosa, y, en este caso, me alegro profundamente de ello. Además ha vuelto de la mejor manera, gradualmente ha ido incrementando la intensidad de los partidos, la calidad de los rivales y el rango de torneos. El balance no puede ser más positivo: una final (Viña del Mar), dos torneos ganados (Sao Paulo y Acapulco) y un Master 1000 como Indian Wells conseguido.

Se retiró temporalmente con todo nuestro respeto, le echamos de menos con ganas de disfrutar con su juego, y ahora celebramos su retorno a la senda de la victoria. Sólo Rafa Nadal puede presumir de ello en este país nuestro.