Llevo un tiempo pensando qué temática tratar en este nuevo post. No es un tema fácil puesto que parece que se está imponiendo el pensamiento de que todo es banal si no está relacionado con el ambiente crispado y tirante que nos rodea. Para recordarte esta banalidad ya están los de vida vacía que se encargan de creer que la llenan con el insulto injustificado.

Siendo sincero, la política de trazo fino y la economía, en cualquier naturaleza que sea su trazo, son dos temas que se me escapan. No los domino ni, al menos en el caso de la política, es algo que me muera por dominar. Debe ser por esto que apenas entiendo decisiones, soflamas y discursos que parecen empujarnos a unos contra otros hasta provocar el estallido que algunos, cada vez más, presagian.

Se me queda cara de panoli cuando, mes a mes, nos dicen que el paro crece, lo que suele traducirse en que, en mayor o menor medida, una buena cantidad de familias de este país las pasan canutas para llevar el tren de vida que nos vendieron que podíamos llevar. Eso en el mejor de los casos, en el otro lado de esa balanza está las familias en situación dramática que tienen que recurrir a lo que nunca pensaron necesario para dar de comer a las personas bajo su protección. Mientras tanto, los que rigen el devenir de España, y los que hibernan en el banco contrario, se preocupan de buscar la fórmula de abaratar el despido. ¿Sólo a mí esa combinación me parece desastrosa?

Me entra complejo del que no sabe hacer la o con un canuto cuando, día a día, la fiebre de programas de “investigación” que nos invade sacan casos de corrupción, de financiación ilegal, de sobornos, de incumplimientos laborales ministeriales, de chanchullos “reales”, etc. Y resulta que del lado de los que hacen todo esto y más, sólo se pone el grito en el cielo porque unas decenas de personas van a sus santas casas (sic) a gritarles y colocar pegatinas en su portal. ¿Alguien más piensa que, puesto que a esa gente se le ha ignorado sistemáticamente, eran los escraches el paso subsiguiente necesario para tratar de lograr respuesta alguna?

Ingenuo. Esa es la palabra que me define y que no me deja comprender con claridad que, mes a mes, nos estuvieron mintiendo diciendo que no se tocaría la educación, y se recorta, no se atacaría a la sanidad, y se privatiza, se respetaría la dependencia, y la están desmantelando, se revisarían al alza las pensiones, y… ya veremos, y así hasta el infinito como cerca. Esto por un lado, en el otro sencillamente nos decían que el tsunami que estaba arrasando la economía global nos pasaría de largo, sólo hicieron sonar la alarma cuando el agua nos llegaba a la altura de las cejas. ¿Serán conscientes, los que decidieron que la mentira era el mejor camino, de que han perdido el comodín de nuestra confianza?

Pero sobretodo, debo ser el más tonto del planeta, porque por encima de ideologías, de discursos totalitarios y cerrados, de discursos tras una pantalla, de pataletas por que se ha perdido la poltrona (con razón) y tantas otras cosas sigo creyendo que debería primar el cubrir las necesidades básicas de quien por culpa de la crisis, de la no crisis, de los bancos y de los no bancos, están pasando por tal calvario que en algunos casos la muerte parece menos difícil de superar. Eso, en un país que se las gasta de civilizado, es muy complicado de tragar.

Como veis, los temas que todo el mundo mastica las veinticuatro horas del día no se me dan bien, soy simple y reduccionista. Ahora que he dado la razón a los perros de presa que deciden dar dentelladas aleatorias me vuelvo a zambullir en mis banalidades. Creedme, se vive mejor sin tanta información.