Hace unos días, la plusmarquista mundial de natación, Mireia Belmonte se destapaba con unas declaraciones que denunciaban la falta de atención que sufren otros deportes en favor del fútbol. “Importa más el peinado de Sergio Ramos que mi record del mundo”, fueron exactamente sus palabras.

No seré yo el que diga que no lleva razón, tan sólo es necesario ojear cada una de las portadas de la prensa deportiva para ver que eso es un hecho. Pero habrá que analizar porque esto es así.

Partamos de una base inapelable. El fútbol, desde hace décadas, es más que un deporte, durante el franquismo fue un instrumento político más, ya fuera como distracción social o como muestra de poderío de una ideología (esa es una lacra con la que cargan determinados equipos a la vez que sirve como arma para los que siempre buscan encender los ánimos). Pasado el franquismo el llamado deporte rey dejo atrás (dentro de lo posible) las sombras ideológicas para caer en las redes de quienes vieron en el balompié una oportunidad de hacerse de oro. La llamada burbuja del fútbol hizo crecer este deporte hasta cotas que no se conocían –en España- en lo económico, en lo social y en ámbitos que no siempre han sido los estrictamente deportivos.

Todo esto ha hecho del fútbol más un fenómeno que un deporte, a los futbolistas los ha convertido en semidioses, y cualquier detalle que les rodea se ha disfrazado de hecho noticiable. Esto nos lleva a que, la confluencia de la conversión del fútbol en un espectáculo-negocio con la muerte del periodismo de información pseudo-objetiva, haga imposible que otro deporte se haga hueco, fuera de las grandes citas, en las portadas, los titulares de telediarios o programas radiofónicos deportivos de este país.

Dicho esto, hay que entender que la coyuntura del periodismo está pasando por lugares peligrosos. Ya no importa tanto la imparcialidad, ni tan siquiera la veracidad, sino la audiencia, la tirada, el EGM y los clicks en la versión on-line de los medios. Es por esto que yo digo que el periodismo pseudo-objetivo ha muerto tal y como le conocíamos. Visto así, viendo el periodismo (el de las grandes cabeceras) como un negocio, es del todo lógico que en lo que conforma su “escaparate” use el  producto que más éxitos les augura. Haciendo un símil, es como si en una zapatería, el dueño pusiera en el escaparate unas chanclas teniendo Manolos Blahnik. ¿Es justo? Seguramente no, pero es una decisión lógica desde el punto de vista empresarial, y hace tiempo que todo lo que huele a noticia se mira desde este prisma.

Aun así, no todo el peso de la culpa se la llevan los medios. La absorción informativa con la que cuenta el fútbol viene marcada por la demanda de información que reciben. Este hecho lo constató Jesús Álvarez, peso pesado de los deportes en TVE, en un coloquio en la Universidad Complutense al declarar que “si el fútbol no encabeza los deportes del Telediario la audiencia desaparece”. Audiencia y fútbol, fútbol y audiencia, han creado una interdependencia que es muy difícil de romper.

Esa ruptura es aún más difícil de conseguir si, desde los propios estamentos deportivos, las federaciones, apenas se hacen esfuerzos por crear escuelas, potenciar la práctica de esos otros deportes o promocionar el mismo de una manera visible. Muchas de ellas apenas cuentan con medios económicos para lograr tales objetivos, esa es una verdad absoluta, pero hay otras que están demasiado ocupadas en una batalla interna, que en otras cosas. Ejemplo de esto último ha habido unos cuantos, la Federación de Atletismo y la de Natación, a la que pertenece la propia Mireia, son sólo los últimos ejemplos. Por último, también existen ejemplos de federaciones que no han sabido gestionar una cierta transición generacional y se han estancado, como explicó de la de su deporte el waterpolista Pedro García Aguado en esta entrevista para Jot Down.

Entiendo la intención de la frase de Mireia Belmonte, pero según lo que acabo de escribir, que sólo es una mera argumentación mía, no es algo que vaya a cambiar. ¿Es injusto? Posiblemente, pero hoy en día ¿qué lo es?